HISTERIAS DE AMOR

«Todos estamos en el barro, pero algunos estamos mirando las estrellas» Oscar Wilde

Piscis o la vez que me enamoré de una contradicción

Acá estoy a mil metros debajo del mar, ¡ay pisciano! sos lo mejor y lo peor que me pasó, fuiste la sorpresa más hermosa que el destino me dio cuando menos lo esperaba, y eso que siempre me consideré afortunada pero apenas te vi, te di la bienvenida a mi vida y deseé siempre estar a tu lado.

Sos un paisaje perfecto, cálido, venís con una canasta de picnic incluida para mi tarde de sábado, sin embargo, también traes no solo nubes, sino una arrebatadora tormenta de esas que destrozan y traen consecuencias. Sos tan bueno que uno sabe que de alguien como vos solo se sale llorando y sin mirar atrás. Me diste tanto que siempre supe que tenía que disfrutarlo porque luego me haría mal recordarlo; de hecho, me lo permito muy poco porque duele el triple cada vez más, y vivir así se volvió una condena. ¿Acaso me acostumbré a vivir así?, no, no, no, no me puedo permitir esa hostilidad para conmigo misma.

Tus palabras y tus modos perforaron mi piel de una manera tan placentera que me volví adicta a vos; y es que en nosotros primero surgió la obsesión, luego el amor apareció para dar explicación a todo lo que no entendíamos, pero la obsesión jamás dejó de estar. 

Desde que te conocí te convertiste en mi inspiración y desplazaste a cualquier otra. Fuiste desde el día cero mi espejo, mi laberinto, mis alas y mi fuego.

¿Algún día sabrás lo feliz que logré ser con vos? Pero esa felicidad se me fue de manera gradual, en cada arrebato me la ibas sacando y yo quedaba sujeta a la idea de ser uno los dos, mientras que vos vivías en modo de despedida constante y yo ni cuenta me daba. Yo, que recién empezaba a creer, ¿por qué no me avisaste? 

Me destrozás con cada confusión, avanzás un casillero y retrocedés tres, y más te das, menos querés darte, y más querés darte y más te escondes, sobre todo de mí.

Sé que estando lejos estamos mejor que nunca, porque cuando estamos cerca no funciona, la continua incertidumbre, el sin fin de excusas, la obligación de estar porque no merezco que me falles. Pero no se trata de estar por estar, si te tengo más presente cuando no estás que cuando estás por obligación.

Sos tan contradictorio que no sé si el mayor halago es estar para siempre separados, porque solo así sé que me seguís queriendo. Incluso me daría cosa que aparecieras en mi vida porque eso significaría que vas a dar todo para detonarlo en un segundo.

Y sos como sos, y soy como soy. Y aunque antes sirvió para todo, hoy parece que eso ya no nos sirve para nada.