Llegué a mi casa después de un tiempo afuera. Me reencontré con mis plantas rosas y verdes, me reencontré con mi familia, pero aún no con mis amigas.
Mi departamento es una fiesta y soy la única invitada. Lo primero que hice fue sacarme las zapatillas, poner música al mango, recorrer mis plantas y tocarlas, encender mis lámparas, apagar la luz de arriba, prepararme un gin, prender velas y bailar.
Me traje mis runas y las tiré en el sillón, junto a las velas nuevas. Prendí un sahumerio cuyo aroma no recuerdo, pero que va directo a los recuerdos que intento olvidar. El humo me hace observar confundida muchas cosas que están sobre la mesa, fiel reflejo de mi realidad. Consagré mi nudo de bruja como me enseñó mi amiga chamán y me lo puse.
Miro mis cortinas bajas y las abro, en una mano llevo mi copa y en la otra grabo con mi celular. Sé que no todo es para siempre y que seguramente voy a extrañar este 8vo piso del paraíso, mi templo sagrado, mi hogar.
Estoy algo mareada. No soy de tomar, pero me divierte dejarme ser, siempre fui muy estricta conmigo, ahora quiero relajarme muchísimo más.
Hace frío, pero no me importa, el balcón es mío. Pienso que mis plantas están hermosas, incluso aquellas que me habían dicho que eran muy complicadas de cuidar. Hasta lo complicado puede crecer si se lo cuida con amor. Pero eso es para distintos… me hace reflexionar en que hasta lo complicado, si nos arriesgamos y cuidamos, puede salir bien; pero, repito eso es para distintos y, por el momento, todos fueron iguales.
En mi estadía fuera de casa tuve muchos sueños, pero no fueron tan importantes como lo fueron mis amaneceres; por ejemplo, un día me desperté y anoté esto:
“Me acabo de despertar.
Y lo primero que hice luego de semanas de cerrar los ojos y que te me aparezcas vos, fue bajarte de ese pedestal en donde te puse desde que te conocí y en el que te fui subiendo cada vez más a medida que te iba conociendo.
Me alcanzó con reflexionar sobre ciertos asuntos y recordar algunas cosas, mirarte en lo alto y animarme a tirarte la flecha para que te desplomes. Que irónico, cupido también tira flechas, pero te aseguro que esta era muy distinta”
Qué lindo es darnos cuenta de las cosas. Saber retirarse a tiempo, claro que esto no lo supe hacer esta vez.
Te dejo libre, no te necesito. Gracias por los buenos momentos y por la inspiración, tiro por el balcón tu indiferencia y tu frialdad.
Pienso que siempre fui muy solitaria, pero que hoy en día no sabría qué hacer sin mis amigas. Pienso que hay gente enorme capaz de perdonarme cualquier arrebato y ahí están a mi lado, las miro en una foto y sonrío. Pienso que mi perro me ve como su mamá y yo lo veo a él como mi dios. Pienso que nunca me va a alcanzar la vida para adorar a mi familia. Pienso que soy increíble y que me elegiría a mí misma mil veces. Te deseo lo mismo y más a vos, querido lector, porque siempre, siempre hay más…