No me canso, pero cada vez lo veo con más claridad.
Nos cruzamos en la pelea y en el deseo.
Me quemás con tu silencio. Me arrojás al precipicio y sonreís al verme caer.
Ya no quiero abrazar a tu animal dormido; siempre termina mordiéndome, el muy desagradecido.
A vos no te molesta romper mis orillas; tu invasión navega con altos niveles de inconsciencia.
Tu intensidad es una carga que ya no puedo, no quiero, ni corresponde sostener.
Tus reclamos enloquecen hasta al ser más angelado.
El desborde, finalmente, se apagó.
Y vos… ya no sos ni la sombra de lo que alguna vez significaste para mí.
Me quedo con las cenizas, esas que queman y duelen (aun consumidas), con tu eco de ardor pasado y la cuenta pendiente de escribir una historia de amor sobre vos.