HISTERIAS DE AMOR

«Todos estamos en el barro, pero algunos estamos mirando las estrellas» Oscar Wilde

Lujo prestado

Entrás como perfume caro en una sala cerrada.
Y todo gira hacia vos.
No por presencia, sino por artificio.
No por verdad, sino por efecto.

Te armás como se arma un escenario:
con sombras donde esconder el alma,
con luces donde el ego se siente en casa.

No hay verdad en tus gestos.
Pero hay belleza.
Y eso alcanza.

Sos de esos hombres que no pisan: flotan.
Que no aman: fascinan.
Que no llegan: aparecen,
como un recuerdo falso que igual duele.

Jugás a no necesitar nada,
y yo —tonta de fiebre—
quiero volverme necesidad.

Decís poco, pero dejás ecos.
Nunca prometés, pero insinuás.
Y eso es peor.
Porque el vacío después tiene tu forma.


Irresponsable de mirada lenta,
de boca que sabe de sobra
cómo mentir sin hablar.

No sos hombre, sos espejismo.
Pero te deseo igual.
Porque hay placeres que no vienen del cuerpo,
sino del abismo donde caemos sabiendo
que no hay red.

Y aun así…
me tiro.