HISTERIAS DE AMOR

«Todos estamos en el barro, pero algunos estamos mirando las estrellas» Oscar Wilde

Esperanza

No siempre llega lo que pedimos con los brazos abiertos. A veces la vida tiene la mala costumbre de hacerse la distraída, o de disfrazar los planes de demora, de pérdida, de un “no” que suena a portazo. Caminamos convencidos de saber a dónde, pero los caminos —caprichosos como gatos— siempre terminan yendo por donde quieren.

Y claro, después, cuando se nos pasa el despecho, entendemos. Lo que dolía no era el final, era el traje incómodo de algo que todavía no sabíamos nombrar. Llamamos pérdida a todo lo que se escapa, sin notar que a veces el vacío es sólo la mudanza del destino.

Y cuando menos lo esperamos, algo aparece —no lo que pedimos, sino lo que necesitábamos sin saberlo—, algo que no compite con lo perdido, sino que lo resignifica.

Entonces uno entiende que la espera no era castigo, sino ajuste de cuentas con el tiempo.

Porque a veces, lo que se va nos salva,

y lo que llega, sin prometer nada, nos repara.

No es milagro ni revancha,

pero alcanza para seguir creyendo —aunque sea un rato más—

que lo mejor puede aparecer, incluso después de perderlo todo.