Que la derrota no firme el final,
que las cenizas no olviden arder,
que el destino no llegue con resaca,
y que la vida, por fin, se ponga a la altura de mis sueños.
Que lo imposible no se crea intocable,
que el miedo no escriba el guion,
que la noche no cierre temprano,
y que el naufragio recuerde siempre la orilla.
Que el invierno no decida por mí,
que la duda no apague la chispa,
que la herida no dicte la historia
y que el cansancio no mande al silencio.
Que el abismo no tome la palabra,
que el eco no reemplace la voz.
que la niebla no dicte sentencia,
y que el desconsuelo no gane por abandono.
Que el cansancio no apague la brújula,
que la intuición no pierda el pulso,
que el desencanto no se haga costumbre,
y que el miedo no aprenda mis atajos.
Que el fracaso no reclame domicilio,
que el vértigo no dicte las reglas,
que el silencio no cierre el telón,
y que el futuro no pierda la voz.
Que el dolor no tenga la última línea,
que la lluvia no borre mi nombre,
que la esperanza no aprenda a rendirse,
y que mi sombra nunca gane la batalla.