HISTERIAS DE AMOR

«Todos estamos en el barro, pero algunos estamos mirando las estrellas» Oscar Wilde

El Faro

Un faro no sale a buscar barcos.

No se emborracha de tormenta, no se tira al mar a rescatar naufragios que no lo llamaron.

Se queda.

Quieto.

Con la luz prendida y el corazón en huelga de rescates.

Cada cual navega su desastre.

Cada quien encalla donde puede.

Y la luz —como el amor— solo la ve quien quiere verla.

Yo, que confundí querer con cargar, fidelidad con quedarme aunque doliera, y ayuda con ir perdiéndome en el intento…

Yo, que empujé puertas cerradas, que soplé brasas muertas, que mendigué tormentas por miedo a la calma…

Aprendí tarde —como se aprende lo importante— que no vine a dirigir el rumbo de nadie.

Mi oficio ahora es cuidar mi fuego, poner límites sin pedir perdón, querer sin romperme, y no salvar a quien se empeña en hundirse.

Porque cuando uno deja de remar contra el mundo, pasa algo raro:

la calma pesa más que el miedo,

lo que era ruido encuentra su música,

y los que saben llegar… llegan.

Sin empujones.

Sin promesas borrachas.

Sin naufragios compartidos.

Que el 2026 nos agarre así:

menos salvavidas ajenos, más luz propia.

Y si alguien no ve el faro… es que no era su puerto.