HISTERIAS DE AMOR

«Todos estamos en el barro, pero algunos estamos mirando las estrellas» Oscar Wilde

Donde el tiempo te dejó

Nunca pude soltarte. Ya pasaron varios años desde que la palabra presencia se volvió su antónimo. Pasó una pandemia, pasaron muchas oportunidades y muchos marzos, también crecí… y ya no soy quien era, por supuesto que ahora creo que me parezco a lo que siempre creíste que yo merecía ser, y no estás para verlo, precisamente cuando sí soy lo que necesitabas. ¿Acaso ya es muy tarde?.

La noche que te fuiste para siempre de un portazo y sin mirar atrás fue solo el comienzo del recorrido de un laberinto de sentimientos, entre quejas, reproches y culpas; el hecho de saber que aunque yo existía y creía ser tu refugio no había sido suficiente, el hecho de descubrir que siempre habías estado en plan de despedida y nunca te habías animado a decírmelo, el hecho de que ya no fuera lo mismo nuestra relación porque ya estábamos más distantes. No me digas que no sabías que yo te quería igual, lejos o cerca, siempre iba a estar para vos, yo jamás me hubiera ido sin avisarte.

El problema acá es que me dejaste con mil palabras atragantadas que se desprendieron de tu potente portazo y me sacudieron el espíritu para luego encallarse para siempre en mi corazón de una forma muy incómoda, y fueron muchos los años que estuve con una voz que no era la mía, la voz de la angustia, de la congoja, del adiós sin destinatario, si al fin y al cabo me quede hablando sola.

Sinceramente no logré superar esto de no encontrarte, de saber que te inmortalizaste en mí, que no vas a aparecer de golpe para mostrarme tus nuevas adquisiciones, que no va a haber un mensaje de «tranquila que voy para allá», que no nos vamos a reír hasta llorar,  que no vamos a hacer locuras o a decirnos de todo enojadísimos para luego reírnos de lo exagerados que nos vimos en ese estado, que ya no estás para protegerme de la gente que era como vos, que ya no me vas a copiar en todo lo que hago y de repente convertirte al veganismo porque yo estaba en esa. Ya nadie me hace sentir tan especial, nadie deja todo para pasar un tiempo al lado mío, así sea juzgándome o haciéndome enojar, y es ahí el punto en que sufro: me necesitabas más de lo que yo te necesitaba a vos, y ahora yo soy la que te necesita y no te encuentro por ningún lado.

No estás, pero sí estás. El tema es que no estás como te necesito porque te necesito de tantas maneras tangible… Sé que estás en algún lado, pero no te puedo ver, no te puedo tocar, no te puedo seguir la mirada, no te puedo buscar. Sé que te puedo hablar, pero ¿cómo sé si me escuchas?

Durante mucho tiempo no supe cómo vivir, pero seguí viviendo, no supe cómo frenar el llanto y un día cesó. Y lo más terrible: no supe cómo perdonarte a la vez que me prometía no olvidarte jamás, ¿sabés lo difícil que fue eso?

Y no me hiciste más fuerte, me debilitaste. Fuiste el golpe bajo e inesperado que me detonó, aún hay partes de la que fui que no encuentro, y creo que hasta te las llevaste con vos. Y, entre la rabia y mi anhelo de paz, desarrollé nuevas capacidades y busqué respuestas en el tarot, la astrología, vidas pasadas, pero no las encontré, solo apareciste en terapia cuando conté sobre los sueños en los que te veía.

Quiero que sepas que más allá de todo lo que pasó, y de toda la tristeza que hay en las líneas anteriores, yo estoy bien. Tengo gente que me quiere, que me cuida y que se preocupa por mí. Y aunque hay días en los que pienso que todo fue una pesadilla y que vas a aparecer, ya cada vez más la esperanza de volverte a ver se desvanece al instante, eso es parte de mi crecimiento personal, es decir, es acomodarme a la idea real de tu inexistencia en mi vida.

Y acá estoy, sentada frente a esta fogata en la cual, según me dijo una amiga, se quema todo lo que queremos dejar atrás. Y no creas que te estoy dejando atrás, estoy intentando abandonar el dolor que desborda de esta carta que en primera instancia quise titular «de despedida», pero que ahora mismo, viendo el fuego, y con la mano de mi amiga tocándome el pelo para calmarme, prefiero titular «donde el tiempo te dejó», porque con esa frase digo todo, con esa frase se concluye la idea, con esa frase cierro los ojos y miro hacia atrás, te saludo, y corro a abrazarte, pero los abro y veo el futuro, un futuro en el que me toca seguir sola, como lo hice hasta ahora desde que el tiempo dejó de acompañarte.