HISTERIAS DE AMOR

«Todos estamos en el barro, pero algunos estamos mirando las estrellas» Oscar Wilde

Tauro o de la hedonista en el balcón

Acá estoy en mi excesivamente inmenso balcón de mi piso ocho. La noche está fresca, es casi mayo, pero se aguanta.

Tiré unas mantas al piso, me puse un pantalón abrigado, saqué la lámpara turca rojiza y me hice un té. Miro las nubes pasar a gran velocidad y cada tanto afloran las estrellas. Veo la iglesia de San Antonio cual Vaticano de Devoto y pienso que mi hermano se puso de novio apenas se mudó acá, mi hermano vive enfrente de mi departamento y San Antonio está relacionado a los noviazgos.

Mi pelo está alborotado, mi manta favorita no llega a ser espectacular porque es tipo pashmina y no logra envolverme, pero le perdono todo porque fue amor a primera vista.

Mañana me toca por primera vez hacer algo nuevo, rodeada de gente nueva, sin mucha gente antigua. Miro el cielo y pienso en mis abuelos, particularmente en mi abuela y no la recuerdo con tristeza, sino feliz de que mañana su bisnieta, y la luz de mis ojos, va a ir a verme mientras firmo ejemplares por primera vez; espero que entienda que no puedo jugar con ella, ya saber que va a estar ahí me pone feliz.

Invité a tanta gente que me olvidé de invitar a mi papá, quizás porque sé que él no vendría. En fin, no sé, escribo y escribo, y no sé qué escribir porque el viento me distrae, espero no resfriarme. No sé qué me deparará el día de mañana, ni siquiera sé qué me voy a poner, pero lo que sí sé es que no estoy sola, todos me desean lo mejor y muchos estarán conmigo. ¿Soy una privilegiada? Soy una privilegiada.

Refusila por el cielo, mi pelo ya es un caos absoluto y el té ya es hielo. Ahora se nubló, ya no veo las estrellas, y se puso más frío. 

Mi vida cambió un montón, soy otra. 

Se acerca mi cumpleaños y también la fiesta de inauguración de mi casa en la cual quiero enloquecer lo más que se pueda junto a las amigas más perfectas que existen.

Empezaron a caer gotas, pero me resisto. El cielo parece rosa, el viento se hace constante, las copas de los árboles se mueven y veo a lo lejos gente disfrutando de la noche como yo en los balcones. 

Ya estoy adentro, diluvia y estoy esperando a alguien que no se cansa de decirme que soy malcriada, sin embargo, ahí está manejando bajo la lluvia porque yo estoy nerviosa.

Ya no sé cuántas gomitas me comí, cuántos té tomé, o cuántos confites rosas y celestes elegí. Prendí las velas, abrí las cortinas y siento que este lugar es hermoso, y es mi lugar. Por supuesto que lo llenaría de cuadros y de mil cosas más, pero le doy mucha calidez sola.

Creo que tomé frío, mi nariz se queja. Qué tormenta que se largó. Qué linda que es mi casa. Qué gente buena tengo cerca. Qué feliz que soy.