HISTERIAS DE AMOR

«Todos estamos en el barro, pero algunos estamos mirando las estrellas» Oscar Wilde

De las cosas que también se terminan

Hay una tristeza bastante particular en cerrar un lugar al que una le confió tantas versiones de sí misma.

Durante mucho tiempo creí que las palabras, si eran sinceras, siempre encontraban a alguien del otro lado. Que bastaba con dejar una historia encendida para que alguien, alguna noche, se acercara a buscar un poco de calor.

Pero una también escribe para ser leída.

Y decirlo no me parece vanidoso. Me parece humano. Porque escribir es un acto solitario, sí, pero publicar es otra cosa: es esperar que alguien se siente a tu mesa, aunque sea cinco minutos, y te diga que pasó por ahí.

No sé exactamente cuándo se acabó la magia. Esas cosas nunca suceden de golpe. Un día simplemente descubrís que llevás demasiado tiempo poniendo flores frescas en una casa que casi nadie visita.

Y no hay reproche en esto. Ni cuentas pendientes. La vida cambia, los lectores también, y hay historias que cumplen su ciclo sin necesidad de encontrar culpables.

Por eso decidí cerrar mi blog, este es el último mes.

No porque haya dejado de escribir. Mucho menos porque haya dejado de creer en las palabras.

Sino porque aprendí que también hay cierta dignidad en saber cuándo apagar la luz.

Y, sobre todo, gracias a los de siempre. A los que estuvieron desde el principio, a los que volvieron incluso después de mis largos silencios, a los que alguna vez me escribieron para contarme que una frase les había hecho compañía. A los que leyeron sin hacer ruido, pero estuvieron ahí.

Ustedes fueron la parte más linda de esta historia. Y si algo me da pena de cerrar esta puerta, es saber que detrás de ella también quedan sus visitas.

Me llevo lo escrito, lo vivido y la hermosa ingenuidad de aquella mujer que alguna vez creyó que podía hacer del amor, incluso del que salía mal, un lugar de encuentro.

Quizás la magia no se perdió del todo. Quizás simplemente dejó de vivir acá.

Y yo, que siempre fui bastante mala para las despedidas, esta vez prefiero irme antes de empezar a escribirle cartas a una casa vacía.

Con amor, siempre.

Fiorella