HISTERIAS DE AMOR

«Todos estamos en el barro, pero algunos estamos mirando las estrellas» Oscar Wilde

La canción del después

Una vez me hablaste de Amy Winehouse.

De lo mal que le había hecho enamorarse de un hombre así.

Y mientras te escuchaba,
me dio miedo.

Porque la entendía demasiado.

Entendía esa forma de querer a alguien
y, al mismo tiempo,
sentir que ese amor te empuja hacia un lugar
del que quizá no vuelvas igual.

Hombres como el de ella
y como el mío
tienen algo de inframundo.

No porque sean demonios.

Porque te hacen bajar.

Y cuando salís,
si salís,
ya no sos la misma.

Yo ya escribía sobre desastres amorosos.

Después llegaste vos
y los desastres dejaron de ser literatura.

Tuvieron voz.
Perfume.
Cuerpo.
Silencios.

Y ahí apareció otra cosa que también me daba miedo:

empezar a verte como inspiración.

Porque una parte de mí sufría
y otra, más oscura,
ya estaba tomando nota.

Pensaba:
de acá va a salir algo.

No sabía si una historia,
una cicatriz
o una mujer distinta.

Una vez te dije que lo nuestro sonaba a Back to Black.

No era romanticismo.

Era presentimiento.

Porque nuestra historia tenía sonido de despedida
incluso cuando todavía estaba ocurriendo.

Yo era la que se iba.

La del bolso.
La de la puerta.
La del “hasta acá”.

Vos te quedabas.

Y yo me llevaba tu voz,
tu olor,
la memoria exacta de ciertas noches
y esa certeza insoportable
de que una decisión puede ser correcta
y doler igual.

Después venía la vida.

El café.
El trabajo.
Los mensajes.
El labial.
La costumbre de parecer intacta.

Y entonces sonaba Amy.

Y volvía todo.

No vos entero.

Fragmentos.

Una mirada.
Una madrugada.
Una forma de acercarte.
Ese instante preciso
en que todavía era feliz
y ya sabía que tenía que irme.

Por eso Back to Black nunca fue nuestra canción de amor.

Fue nuestra canción de después.

La que empezaba cuando yo ya me había ido
pero todavía había partes de mí
que no sabían salir.

Y sí.

Te convertiste en una gran inspiración.

Suena hermoso
hasta que una recuerda el precio.

Yo ya escribía sobre amores rotos.

Vos les pusiste cuerpo.

Y así entendí algo que ningún libro me había explicado:

que a veces una historia te está rompiendo
al mismo tiempo que se está volviendo literatura.

Así fue.

Yo me fui.

Después escribí.

Y durante mucho tiempo,
cada vez que sonaba Back to Black,
no pensaba solamente en vos.

Pensaba en Amy.

En aquella conversación.

En el miedo que me dio reconocerme ahí
antes de que pasara.

Porque eso fue lo que más miedo me dio de vos.

No perderte.

Perderme.

Y hay amores que terminan
y una vuelve a casa.

Y hay otros
que te hacen bajar tanto
que cuando por fin encontrás la salida,

la mujer que vuelve

ya no es la que entró.